Yo, me, mi, conmigo.

Más de 60 días hemos estado Victoria y yo en un auténtico mano a mano. Pegadas como lapas. Hemos jugado, hemos reído y hemos disfrutado. Pero también hemos llorado, hemos tenido malos ratos y nos hemos enfadado.

Está situación se me está haciendo bola. Estoy cansada y necesitaba un respiro. 24 horas fueron suficientes para coger fuerzas y energía para seguir adelante.

Lo primero que hice fue ir al supermercado. Aproveché para “disfrutar” de la experiencia. Ya no me acordaba de lo que era ir al super sola; sin preocuparme de hacer la compra y controlar a Victoria para que no toque nada. Además, sin remordimiento por llevar a mi niña de tres años a sitios cerrados con gente que no cumple las normas. Disfruté. Pasé varias veces por cada pasillo por si se me olvidaba algo. Compré caprichitos y no tuve que esconderlos entre la comida. Definitivamente, pequeños placeres de la vida.

Después salí a caminar por la Avenida Marítima. Sentía la brisa del mar. Llevaba la música a todo volumen. Rebosaba paz y tranquilidad. ¡Cuánto me necesitaba! Deseaba estar un rato conmigo. En la segunda parte del camino, se llenó la avenida de gente y parecía aquello una calle comercial en pleno comienzo de rebajas. Subí más la música y me dejé llevar. Intentaba no pensar en nada.

Cené despacio. Saboreando cada bocado mientras veía los dos últimos capítulos de una serie. ¡Dos! ¡Seguidos! ¡Increíble! Me acosté pronto. Necesitaba descansar. Me sentía agotada. Dormí toda la noche del tirón. Creo que ni me moví. Hasta las sábanas estaban estiradas cuando me desperté.

Desayuné con calma, leí la prensa y actualicé mis redes sociales.

Estudié durante varias horas. Estaba feliz de poder concentrarme sin interrupciones, así que aproveché para leerme todo el temario que tenía pendiente.

Después me dediqué un buen rato; ducha, cremas, mascarillas. ¡Relax total! Hice todo como una tortuga. Necesitaba cambiar el ritmo. Hacer otras cosas.

Almorcé con calma. Llevaba semanas queriendo comer una pizza de pepperoni. ¡Fue un momentazo! ¡Cuánto lo disfruté!

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Tenía planes de qué hacer cuando pudiese dejar a Victoria con alguien; limpiar, recoger, poner lavadoras, pasar la aspiradora. No hice nada de eso. Fue una cura al 100%. No moví ni un juguete de sitio. Victoria se encontró todo tal cual lo dejó.

Recogí a mi niña a la tarde siguiente. Cuando llegué, me miró y siguió con sus cosas como si nada. Supongo que ella también está cansada de mi. Normal. Sinceramente, no eché de menos a mi pequeña Victoria. Yo estaba muy tranquila porque ella pasó ese día en muy buenas manos y con la mejor compañía. Creo que las dos necesitábamos un break para poder reponer pilas. Está siendo todo muy intenso. Ya estamos cansadas. Se está haciendo largo y cada vez nos cuesta más. Las dos lo hemos llevado bastante bien, pero cada día se hace más pesado.

En 24 horas conseguí mi objetivo; resetear. Necesitaba soledad, escuchar silencio, aclaras mis ideas, poner mis pensamientos en orden. ¡Qué día más aprovechado!

¡Mucho ánimo para todos!

#yaquedamenos      #todovaasalirbien     #undiamenos

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12 comentarios sobre “Yo, me, mi, conmigo.

  1. Qué bien que las dos hayáis podido disfrutar de esas 24 horas. Yo he tenido a papá con nosotras y, aún así, se ha hecho largo. Pero lo importante es que hayas podido resetear (cómo tú bien dices). Genial!!!!

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